Memoria de palos ( y no, me moría de palos) es el título de un conocido entremés de Cervantes, en él, una especie de matón a sueldo, llevaba la memoria de los palos que por encargo se le había de dar a la mujer del bodeguero, al tratatante de caballos avispado, al moroso, etc. En el caso que sigue no es exactamente de palos, sino de calambrázos, pero como se verá es una memoría blanca, vacía.
Esta memoria salió a la luz en un experimento con chimpancés, de la siguiente manera: Se encerráron 6 chimpancés en un recinto cerrado, se colgó del techo las típicas bananas, y se puso a disposición de los antropoides, las tipicas cajas para ser utilizadas una sobre otra, como herramienta para alcanzar las bananas. Después de que los animales hubieron rapidamente colocado las cajas y alcanzado la fruta, se repitió el experimento con una variación: Un dispositivo convenientemente preparado, provocaba una leve pero desagradable descarga eléctrica en todos ellos ellos, en el momento en que se intentaba montar una caja sobre otra. Los chimpances rapidamente asociaron las descargas con el trasiego de las cajas, y desde ya, dejaron de utilizar las cajas renunciando a la fruta.
El siguiente paso fué sustituir uno de los simios, por otro que no sabía nada de los calambrazos; Este nuevo símio, nada mas instalado, lo primero que intentó fué dirigirse a las cajas para coger la fruta, pero sorprendentemente fué atacado por sus compañeros, sabedores ellos de las consecuencias de tal acto. Así, el nuevo renunció a tocar las cajas.
Después, se sustituyó a otro de los 5 monos iniciales que restaban, y ocurrió exáctamente lo mismo, todos le atacaron cuando intentó juntar las cajas, y éste, aprendiendo la lección, no osó acercarse mas a las cajas. Lo mismo ocurrió con el tercer sustituto, con el cuarto, y con el quinto. Ahora ya habían sido substituidos totalmente los seis monos iniciales, y ninguno de los seis ejemplares que se hallaban en el recinto, había recibido descarga eléctrica alguna, y por tanto desconocian las consecuencias de manipular las cajas, pues bien: Un nuevo ejemplar fué introducido y de nuevo fué atacado por el resto.
A esta memoria me refería al principio, pues realmente los chimpancés, desconocían el motivo real por el que atacaban a todo mamifero que se acercase a las cajas ¿Curioso no?